Páginas

miércoles, 20 de abril de 2016

El Sentido de la Historia.

Prof. Carmen Elena Chacón.
Cátedra de Historia de las Ideas Pedagógicas en Venezuela.
Departamento de Teorías e Historia de la Educación.
Escuela de Educación. 
Universidad Central de Venezuela.
Nicolás Maquiavelo, por Santi di Tito.



¿Para qué nos sirve el conocimiento histórico y más importante aún, cuál es el significado del conocimiento histórico para un Licenciado en Educación y diseñador de políticas públicas en el área?


 Comentarios basados en el texto de Luis Villoro (2010), El Sentido de la Historia. En: VV.AA. Historia. ¿Para qué?. Siglo XXI Editores. México.






Inicialmente el interés por la historia se produce motivado por la búsqueda de conocimiento sobre un sector particular de la realidad. En este sentido, el objetivo de la Historia es el esclarecimiento racional de ese sector.

La función de la Historia en general, se considera como comprender el presente. En este sentido, pareciera que, de no remitirnos a un pasado, con el cual conectar nuestro presente, este resultará incomprensible, gratuito, sin sentido. Remitirnos a un pasado dota al  presente de una razón de existir, explica el presente.

Pero, la conexión con el pasado remite al “principio”, y en la reconstrucción del mismo, a veces se confunde el principio con el fundamento, y los antecedentes con las causas de los hechos. La Historia nace del intento de explicar el presente desde sus antecedentes o condiciones necesarias. El pasado da razón del presente, pero sólo lo descubre a partir de ese presente que pretende explicar.

A la vez que el pasado permite comprender el presente, éste plantea interrogantes que incitan a buscar en el pasado. Las respuestas a estas interrogantes formuladas desde el presente, permitirán hallar orientaciones para la realización de propósitos concretos, razón por la cual, al interés general de conocer, se añade el interés particular de la situación concreta del historiador en el presente. Esto explica por qué el historiador va al pasado, pero además explica también su preferencia frente a unos antecedentes con respecto a otros.

Este punto nos lleva al tema del conocimiento histórico, no solamente como explicación del presente, sino también como justificación y legitimación del presente. Lo que ha significado esto en la historiografía es el intento constante de reescribir la historia con objeto de dar cabida a nuevas interpretaciones, acordes con las necesidades e intereses actuales.

El historiador Leo Kofler (1971), al tratar el tema del Renacimiento en su obra “Contribución a la Historia de la Sociedad Burguesa”, plantea lo siguiente:

Se puede afirmar que la tendencia a fundarse en un patrimonio intelectual antiguo con el cual se cree descubrir –con mayor o menor derecho- un parentesco, existe prácticamente en todas las épocas. Apelar a la autoridad reconocida de lo antiguo y venerable, facilita el reconocimiento del propio punto de vista, y aunque con frecuencia se tenga la ilusión de que el parentesco es real, el pensamiento expuesto sólo obedecerá a aquellas necesidades que el desarrollo de la sociedad origina. (pag. 129).

Parece haber aquí un doble interés: interés en la realidad para adecuar a ella nuestra acción e interés en justificar nuestras acciones y nuestros proyectos. El primero es un interés general, propio de la especie, mientras que el segundo se nos presenta como un interés particular, del grupo o de la comunidad. De aquí que sea tan difícil separar en la Historia lo que tiene de ciencia de lo que tiene de ideología. Ello incide particularmente en la dirección que puedan asumir los procedimientos en historia: la selección de datos, la argumentación, la interpretación.

Este tema de los intereses individuales, conduce a otro aspecto adicional: el tema de cuándo y por qué un hecho puede considerarse histórico, partiendo de la consideración de que los hechos históricos rebasan al individuo, y en el otro extremo, ¿hasta dónde la Historia puede ser considerada como expresión o producto de la Historia de todos? Al respecto señala el historiador Josep Fontana (2001) que, 

No podemos despreocuparnos de la función social de la Historia porque lo que nos estamos jugando es demasiado trascendental y si bien es verdad que los viejos métodos nos han fallado y que la confusión ecléctica que ha venido a reemplazarlos nos sirve de poco, nuestra respuesta no puede ser la de abandonar el campo, sino la de esforzarnos en recuperar unos fundamentos teóricos y metodológicos sólidos, que hagan posible que nuestro trabajo pueda volver a ponernos en contacto con los problemas reales de los hombres y mujeres de nuestro mundo. Y que nos han de llevar de paso a reemprender el proyecto, hasta hoy no realizado, de construir una historia de todos, capaz de combatir con las armas de la razón los prejuicios y la irracionalidad que dominan en nuestras sociedades. Una historia que nos devuelva la voluntad de planear y construir el futuro, ahora que sabemos que es necesario participar activamente en la tarea, porque no está determinada y depende de nosotros. (pag. 15).

La Historia, en la medida en que favorece la cohesión de los grupos y por ende, refuerza actitudes de defensa y lucha frente a amenazas externas, constituye un elemento importante en el desarrollo de la identidad nacional e institucional. Este es uno de los objetivos que cumple la llamada “historia oficial”, la que además tiene como función la justificación de la estructura de dominación imperante.

Clío. La Musa de la Historia
Sin embargo, se plantea otro aspecto importante y es, cómo este proceso de comprender los orígenes de los vínculos que cohesionan una comunidad puede conducir a cuestionarlos en lugar de justificarlos. Se dice en el texto, que la Historia puede mostrar así mismo, que es la voluntad de los hombres la que la mueve, y que por lo tanto es posible que sean los mismos hombres los que puedan cambiar su rumbo. El historiador Fontana (2001) lleva esta idea más allá,  al hablar del horizonte histórico como infinitas posibilidades de futuro, cuya concreción dependerá no sólo de fuerzas ajenas a la voluntad humana, sino de la propia actuación de los individuos conscientemente orientados a un fin.

Así, el siguiente párrafo del historiador y filósofo Luis Villoro (2010) resume en buena medida lo que sería el sentido de la historia:

¿Para qué la historia? … para comprender por sus orígenes los vínculos que prestan cohesión a una comunidad humana y permitirle al individuo asumir una actitud consciente ante ellos. Esa actitud puede ser positiva: la historia sirve entonces a la cohesión de la comunidad; es un pensamiento integrador; pero puede también ser crítica: la historia se convierte en pensamiento disruptivo. Porque, al igual que la filosofía, la historia puede expresar un pensamiento de reiteración y consolidación de los lazos sociales o, a la inversa, un pensamiento de ruptura y cambio.(pags. 47 y ss)

Cuál es el papel del historiador de la educación en el proceso de formulación de políticas públicas en el área?

Aun en el presente siglo XXI, es un asunto pendiente la formulación de políticas públicas coherentes en materia educativa

Partimos de la afirmación de que el historiador puede y debe tener participación en el proceso de formulación de políticas públicas.

Para ello es preciso, a nuestro modo de ver como un elemento muy importante, la consideración de la Historia como ciencia social integral, es decir, como una ciencia social de la que el conocimiento que construye es producto de una visión de la realidad que es abarcadora de diversos ámbitos de la misma: lo político, lo social, lo económico, lo cultural, etc. Pero que además es capaz de pensar el presente, el pasado y el futuro en una interrelación constante, en la búsqueda de respuestas a las exigencias de nuestra vida personal y social.

El diseñador de políticas educativas, asumiendo la historia de la educación como herramienta indispensable de análisis, puede contribuir a satisfacer requerimientos de diagnóstico, referido a la posibilidad de identificar tendencias y por tanto de formular diagnósticos. Definir tendencias y proyectarlas en el tiempo, implica la realización de un ejercicio de comprensión histórica integral de los procesos. Pero también puede contribuir al proceso de evaluación prospectiva de metas y objetivos en planes y programas.

En definitiva, el diseño y formulación de políticas públicas, requiere de la percepción dinámica de la realidad a través de una triple operación:

1.      Identificar tendencias.

2.      Selección de las tendencias que servirán como campo de acción.

3.      Ponderación de las expectativas sociales y de todos aquellos factores que las condicionan.

Todos estos procesos pueden ser realizados a partir de dos procedimientos en esencia, una percepción cuantitativa de la realidad y una percepción cualitativa de la misma.

¿Cómo actuar en relación con el estudio de un contexto como el venezolano, donde la estadística propiamente inicia hacia 1870?

Es este caso un ejemplo de cuándo resulta clave la percepción histórica de las tendencias. Este aspecto cobra singular importancia en el ámbito de la educación, por su vinculación a aspectos difíciles de cuantificar, como por ejemplo, los usos, costumbres y tradiciones sociales que giran en torno al tema de la educación como proceso y a la escuela como institución.

Entonces, ¿qué tipo de profesional se requiere en función de lograr el objetivo de contribuir al diseño y formulación de políticas educativas utilizando el saber y la visión histórica como instrumentos de trabajo?

1.      Debe ser un profesional capaz de alcanzar una percepción integral del hecho social, ubicado en el tiempo histórico, es decir un científico social integral.

2.      El desarrollo de la disciplina debe conducir hacia la concepción de la historia como una ciencia social integral.

Ahora bien, la educación como uno de los procesos vitales en el desarrollo de toda sociedad, no escapa a las necesidades de formulación de políticas públicas acertadas y por lo tanto, cónsonas con las necesidades de formación que constantemente emergen de la cambiante dinámica de nuestra sociedad.

Ello debe traducirse en el reconocimiento de la importancia de la formación académica integral de los planificadores y diseñadores de políticas en el área, en cuyo caso, la consideración de integral incluye el reconocimiento de la evolución de los procesos vinculados al desarrollo de la educación venezolana en perspectiva histórica.

Pensar históricamente la educación se convierte entonces en un objetivo de formación clave en la idea de captar tendencias y plantear prospectivas como lo asomábamos con anterioridad.

Particularmente es interesante la participación del educador con visión histórica en el proceso de formulación de diagnósticos, debido a las características propias de la realidad venezolana y latinoamericana, en cuanto a la necesidad y emergencia de significados particulares y distintos con respecto a determinados conceptos y categorías.

Esto implica la necesidad de comprender la connotación histórica de los conceptos, es decir la posibilidad de pensar históricamente los elementos claves de la dinámica educativa, que intervienen en los procesos de definición y gestión de política.



Bibliografía


VILLORO, Luis. (2010). El sentido de la Historia. En: VV.AA. Historia ¿Para qué? Siglo XXI Editores. México.

FONTANA, Josep. (2001). La Historia de los Hombres. Crítica. Barcelona. España.

KOFLER, Leo. (1971). Contribución a la historia de la sociedad burguesa. Amorrortu. México.

No hay comentarios: